Hoy ha sido el día de los contrastes y la desesperación.
La mañana empezaba a torcerse sobre las 6.30, pero una media vuelta bien dada ha conseguido salvar la situación. Incluso puede que mi cuerpo haya pasado ya la etapa del jetlag - pero NO la de las siestas :)
Hoy hemos vívido en primera persona las gigantes diferencias entre los habitantes de éste - este tiene acento? - país. En menos de 8 horas hemos pasado de observar el más puro lujo a la pobreza más abrumadora. Un viaje desde los centros comerciales de occidente al China Town de Jakarta.
Johanna y yo nos hemos aventurado a salir en medio del monzón de mediodía con la intención de encontrar una tienda de libros. Tal misión sería fácil y rápida de completar en países como España o Suecia - o todo occidente en general. Pero no aquí. Esta tarea no sólo nos ha costado más de medio día, sino que nos ha llevado a la mismísima desesperación.
Después de buscarnos la vida durante horas (!) para encontrar un centro comercial que si tuviera una tienda de libros, Johanna se ha dado cuenta de que no llevaba su tarjeta para poder pagar las 300.000 rupias que cuesta una guía. Por supuesto la mierda de Maestro tampoco funcionaba en este país. En ese momento podríamos haber juntado nuestro dinero y comprado la guía directamente. Pero claro, en ese caso nos hubieramos quedado sin dinero suelto para el taxi, nuestra única manera de movernos por está santa ciudad y por eso la única manera de poder volver a nuestro hostal.
La solución estaba clara, debíamos encontrar un cajero automático y todos nuestros problemas se solucionarían. Johanna podría planificar su viaje y yo leer un liobro sobre la historia política de Indonesia que me dijeron los de la embajada.
Está busqueda nos ha llevado por unos 3 centros comerciales diferentes, todos interconectados por tunéles y pasarelas. Estos centros comerciales gigantes y repletos de tiendas de marcas fashion, representan la parte más lujosa y occidental de esta cuidad.
Entre tiendas de Armani, Adidas, Balenciaga etc. deberían haberse encontrado varios cajeros diferentes que nosotras,durante más tiempo del que nos gustaría reconocer, no hemos podido encontrar. Por suerte, parece que los indonesios mismos tampoco podían ya que cada vez que preguntábamos por algo - las veces que entendían inglés que tampoco han sido demasiadas - nos mandaban a un sitio diferente. Después de los diferentes obstáculos ya pasados previamente este ha llego a ser un momento muy desesperante. Escribiendo esto me doy cuenta que realmente esto no suena especialmente traumático, y que diga lo que diga va a ser díficil explicar esos sentimientos y esa situación.
El caso es que cuándo por fin hemos encontrado este cajero, todo nuestro gozo se ha quedado en el pozo porque no admitía la MIERDA de tarjeta Maestro - mañana mismo le llegará a Fernando un email para que me mande pasta a la tarjeta Mastercard sueca, me costará más por la transferencia pero merecerá la pena!
Esto fue ya la gota que colmó el vaso, y en ese
momento decidimos que por muy importante que fuese para nuestra autoestima el
conseguir los puñeteros libros nos ibamos a casita. Luego por supuesto no
conseguíamos encontrar la salida - ya se que suena muy raro y nosotras un poco
retrasadas, pero realmente era díficil... Y justo en este momento fue cuando
encontramos un cajero para la maestro, coompramos los libros y conseguimos
salir de alli después de habernos perdido en un parking y sido ayudadas por un guarda
dibujándonos el camino a seguir....
Después de esta gran experiencia decídimos hacer
una pequeña excursión al China Town de Jakarta para sentir que habíamos hecho
algo de provecho este dia. Esta tampoco ha sido una de nuestras mejores ideas,
especialmente en un día en el que ya íbamos un poquito tocadas. A diferencia de
lo que pueda decir la guía sobre esta zona y sobre lo genial que es este caos,
NO lo es. La pobreza, los olores, los bichos raros comestibles, la gente por
todas partes, las motos que no te dejan pasar por calles estrechas y
superpobladas, fué hoy para mi más de lo que podía aguantar. Y esto justamente
es lo que más me molesta. Ni en una de mis más locas fantasías me hubiera
imaginado un sitio asi. Vívimos tan protegidos y ajenos a la realidad de
millones de personas alrededor del mundo, que cuando de verdad nos encontramos
con ella nos resulta completamente abrumadora e inconbible.
Y para colmo de los colmos, hoy fuímos a cenar como los demás diás a un restaurante de calle - los baratos y autenticos - enfrente del hostal. Y después del proceso de traducción del menú con nuestro papelito, nos han acabado sirviendo una cena asquerosa con un pez frito con escamas y aletas incluidas y una salsa mega picante... Con lo rica que esta la comida indonesia... :( Vaya tela!!!













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